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 Otro relato de nuestro querido Jean-Guy

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Herminio Baldó

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MensajeTema: Otro relato de nuestro querido Jean-Guy   Mar Nov 12, 2013 9:04 pm

Dos rastreos de jabalíes desiguales: un abandono por motivos de prudencia y un cobro…por el  mismo motivo

• Domingo 20 de octubre; son las once de la mañana en la ACCA de Varen, extremo Este del departamento. Azba acaba de encontrar muerta una cierva enorme con bala de cuello (H 4, L 1100m). Me llama el presidente de la ACCA de Fageolle, 30 km al Oeste de Montauban, es decir unos 80 km al lado opuesto. Hirieron un jabalí por la mañana y solicitan mi ayuda; cita prevista a las cuatro de la tarde, pues antes tengo que asegurarme de que otro compañero ocupado en un rastreo de venado en Bruniquel, no necesita ayuda. Una hora después nos encontramos con una cuadrilla de cazadores delante de la iglesia del pueblecito; por suerte dos de ellos, uno de los cuales es un perrero de confianza, me acompañaron en unos rastreos el año pasado. Les invito a acompañarme de nuevo hoy, acabando así con la preocupación de la capacidad real de los acompañantes.
De prisa (gozamos de solo dos horas de luz), nos desplazamos hasta el anschuss: una finca cercada con valla de malla ovejera; el tirador disparó sobre “un gran jabalí negro” y sobre uno de los jabatos que huyeron por dentro de la finca, arrancando la valla. Me enseñan algunas gotas de sangre oscura por la vereda. Extraño: ¡me parece que indican que el herido sale! Al momento llega la dueña de la finca (¡una “verde ecologista pura” reconvertida a la razón gracias a la regulación de los jabalíes, con motivo de los daños a sus praderas!). Ella confirma que alertada por los tiros, vislumbró tres jabalíes entrando, dos de ellos salieron… por  el pórtico (también destrozado) desapareciendo el tercero entre la vegetación de la finca. Ninguna precisión en cuanto al tamaño de las reses. El perrero me indica que sus perros persiguieron “algo” por la mañana, latiendo a parado varias veces por una ladera del monte, río abajo. Él no sabe si estaban dentro o fuera de la finca… ni siquiera si se trataba de un animal herido. ¿Qué rastro escogerá Azba?
La perra suelta toma inmediatamente el rastro de sangre que sale y nos pasea unos 400m por los cultivos, antes de entrar al monte y seguir la linde en las partes más espesas. Andando a gatas, con la perra suelta, resulta complicado  retenerla con la voz. Por suerte uno de los dos acompañantes menos atrevido, se quedó fuera del monte y está siguiendo el cascabel. Nosotros acabamos por salir del monte en la próxima esquina. Azba está todavía dentro, alejada de 250 m. Al llegar a su nivel, la perra sale por un campo de girasoles, husmeando con cuidado las piedras: señales evidentes de sangre rozada. Azba nos conduce a unos 150 m donde están aparcados varios coches de cazadores y empieza a dar la vuelta a cada uno. ¿Sospecha de pieza arrastrada y llevada? Preguntas a los acompañantes y varias comunicaciones telefónicas más tarde, la noticia cae: por la mañana, mataron un jabato dentro del monte y lo arrastraron hasta los coches, sin comprobar si ya estaba herido o no. Así se termina la primera parte, con una posibilidad de control de tiro positivo.
En este momento, nos encontramos río abajo y fuera de la finca vallada. Hay que regresar a los coches a unos 900 m cerro arriba. Decidimos desviar por la ladera vecina donde oyeron los perros latiendo a parado, siguiendo la valla por debajo. Esta parte de la finca parece totalmente salvaje, invadida por zarzales muy altos y espesos, rodeados por una faja de escobas de 30 m de ancho. Al llegar  a la última esquina, Azba toma el aire,  mira detenidamente hacia las escobas, se levanta contra la valla, y corre tratando de encontrar un agujero. Seguro que un animal herido se encuentra a corto alcance. Sin pensar mucho en la seguridad, envío a los acompañantes a los supuestos puntos estratégicos y levanto la valla para que Azba entre. Por supuesto, la sigo o trato de hacerlo. Inmediatamente, la perra se vuelve muy apresurada y cautelosa, entrando por los túneles de las escobas hasta unos 20 m y regresando de prisa. Al ver que estoy detrás, se atreve a entrar en el zarzal. En este momento, realizo la temeridad del intento: resulta totalmente imposible entrar por debajo del zarzal y no podré acudir a la llamada a parado y ayudar a la perra. No disfruto de más tiempo para lamentarme pues el cascabel se detiene y Azba empieza a latir a parado… no más de 10 segundos  pues un terremoto sacude el matorral a mi derecha y Azba empieza a perseguir lateralmente! 30 segundos más tarde se oye un tiro río abajo; llamada del tirador: ¡rematado! Buena faena! Saliendo de las espesuras, voy al encuentro del tirador y de  un jabato de 35 kg… sin otra herida que la bala de remate! Imposible que se trate del jabalí que plantó cara a los perros por la mañana... y poco verosímil también que Azba concierte, pare y persiga una pieza no herida. De todos modos, este lance fue un error y un fallo, cualquiera que sea el motivo. Hundiendo mi orgullo dentro de la mochila, volvemos a los coches por el único camino, dando la vuelta a la alambrera. Al llegar a la misma esquina Azba, todavía suelta, empieza el mismo juego que anteriormente, gimiendo con el deseo de entrar de nuevo dentro del matorral.
Análisis rápido de situación: seguro que el jabalí herido se quedó dentro; también puede ser la jabalina con los jabatos. Son las seis menos cuarto, nos quedan menos de  15 minutos  de luz, el zarzal resulta impenetrable, la guarra no quiere desencamarse y no conozco ni su tamaño ni siquiera la gravedad de su herida. Además, siendo consciente de mi irresponsabilidad anterior y  dudando en gastar otro comodín, tomo la decisión de no “tentar el diablo”, ofreciendo al perrero la posibilidad de entrar con sus perros. Lo que él hace con un plazo de 15 minutos necesarios para llegar con una rehala de 6 perros; es el anochecer cuando los perros entran en el zarzal, latiendo  inmediatamente a parado. Sin posibilidad de apoyarlos el perrero pega dos tiros al aire  y el matorral estalla de nuevo dividiéndose la rehala en tres lances: un jabato río abajo visto, tirado y fallado por un acompañante a 500 m; otro hacia mí, cerro arriba sin posibilidad de vislumbrar otro bulto que dos perros claros cruzando el cortado a 20 m; y dos perros siguiendo latiendo a parado dentro del zarzal, que acudieron pronto a la llamada de la “caracola” del perrero. Nadie regresó al zarzal.
Así se termina la historia de la jabalina que decidió luchar o morir en su cama, conforme con un conductor convencido (de vez en cuando) que “jusqu’au bout” tiene por lo menos una linde, la seguridad.

• Miércoles, 23  de octubre, ACCA de Bruniquel 35 km al Este de Montauban, batida de jabalíes. A eso de las diez, hirieron un macareno y detuvieron los perros a unos 200 m en una carretera. Encontraron sangre en la cuneta al entrar al monte.
Llego a la cita a las dos; los cazadores (unos treinta) están comiendo. Hablo con el tirador: él habla de un jabalí de unos 80 kg; me asegura que su bala le pegó por el muslo derecho. Con motivo del calor (si, si, hace calor, ¡hoy!) el presidente quiere esperar una hora antes de emprender otro gancho y me propone rodear la zona de huida del bicho, lo que acepto con placer (una seguridad mas para cobrar una pieza que huye sin esperar el perro) después de darles consignas de seguridad por si acaso tengo que soltar la perra.
Dos cazadores de confianza me acompañan (varios otros querían acompañarme pues conocen la eficacia de Azba.) El anschuss está en un cortado dentro de un maizal ancho de 200m delante de la carretera; una marca de papel indica la entrada  pero nada de sangre… y Azba no parece tomar el rastro, buscando y avanzando solo al aire : la faena no empieza bien, mala gana … y además ¡con unos 30 testigos de un posible fracaso! Al llegar a la carretera, cruzamos la armada y un testigo del lance de la mañana me indica que la entrada al monte esta a 50 m a la izquierda ¡Bueno!  Error probable de anschuss y desvío comprensible de la perra. Al entrar al monte, Azba atraillada toma el rastro con fuerza y velocidad controlada. El jabalí sigue la falda del cerro a unos 50 m de la carretera, dando poca sangre ya seca, por debajo de un matorral de bojes viejos. Huele fuertemente a jabalí: seguro que será un macho. Y con una herida de jamón, el encuentro puede resultar violento. Al cabo de unos 400 m y sin encontrar previamente encame, empezamos a ver gotitas de sangre fresca por el medio del rastro. El olor sigue muy fuerte pero Azba no cambia de actitud excepto arrastrándome con fuerza. Aunque yo pienso que no se desencamó, a la llegada de la perra sino antes, nos preparamos para la sorpresa de un parrado o que viene contra la perra o nosotros. ¿Soltar la perra o no?  Suelta fuera de la vista del jabalí, va  a perseguir sin latir con el riesgo de confusión por un tirador de la armada (todavía, hay algunos que confunden corzos y gabatos!). Por seguridad, la soltaré después de cruzar la armada.  
Seguimos unos 200 o 300 m en la falda hasta que de pronto oímos un disparo, seguido por un segundo a más de 500 m por delante. En el walky, escuchamos alguien que confirma que el jabalí estaba muerto. Felicidad y enhorabuena entre nosotros y para premiar Azba, la suelto para que llegue rápidamente a la muerte. Y tranquilos, seguimos hacia la dirección de los tiros. A los 400 m llegamos al tirador: nos indica que falló y que fue otra armada, cerro arriba, la que disparó el segundo tiro. Al llegar a los altos, oímos distintamente Azba que latía a parado a unos 150m. Extraño, pero posiblemente que late al muerto. Al acercarnos, comprobamos que los latidos se desplazan dentro de un matorral de espinas negras de 50 mx100 m. ¡El jabalí rematado habrá resucitado! La  problemática es doble: no conocemos la posición de los otros tiradores (no responden a mis llamadas) y el matorral es muy espeso.
Coloco los dos acompañantes en la linde del matorral, cada uno en una esquina río abajo, con la consigna de no entrar y disparar solo hacia fuera. Yo empiezo a avanzar por debajo de las espinas, en dirección a los latidos, ahora a menos de 40 m. Al llegar a la proximidad  de la perra, vislumbro un bulto sentado de culo. No me gusta disparar una 444 en los jamones o los lomos, más aun cuando no parece amenazar a la perra ni siquiera intentar huir. Por reflejo, llamo a los tiradores a ver si me oyen. Sorpresa: uno responde exactamente por detrás del jabalí. Le grito que se desplace lateralmente hasta que sale de mi sector de tiro. Mientras tanto, el jabalí de pie empieza a desplazarse lentamente dentro del matorral. Primer tiro de 444 dentro del bulto (poca suerte, fue una bala de tripa); el jabalí da media vuelta y viene contra mí pero solo al trote, lo que me permite una segunda bala entre los ojos a menos de dos metros (demasiado baja  por medio del hocico y con destroce de la garganta). Nueva media vuelta dentro de las espinas que cruza y otro tiro por detrás del matorral por el tirador anteriormente localizado…que grita : “Ayuda! El jabalí está de pie y mi arma esta encasquillada” El desdichado jabalí (macho de 76 kg) necesito una última bala de remate!
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Jose Ignacio

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MensajeTema: Re: Otro relato de nuestro querido Jean-Guy   Miér Nov 13, 2013 7:59 am

Gracias Herminio por publicar los relatos.

Lo que gusta leer estas historias cuando estas delante del ordenador (sin que el jefe te pille claro....)

Un abrazo!!

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